Edición Noviembre 2003

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Cultura
Entrevista a Roberto Cossa - 28/02/2003


Con Roberto “Tito” Cossa
Del “Teatro Abierto” al “Juicio Abierto”

Escribe teatro desde hace cuarenta años, y es uno de los referentes de la dramaturgia realista riplatense. Aún así, sostiene que “escribir teatro es antinatural”. Le gusta jugar a ser actor frustrado, pero su “consuelo” en las letras ha producido más de 20 obras. Fue uno de los protagonistas de Teatro Abierto, el movimiento teatral más importante de resistencia frente a la dictadura, que se dio en Argentina en 1980. Con 68 años continúa a la búsqueda de trincheras, desde las cuales resistir los embates de la cada vez más catastrófica realidad actual. El teatro sigue siendo una, y la política otra –aunque plena de incertidumbres-. Le gusta el teatro narrativo, aunque sostiene que “hay que hacer el teatro que uno quiere” y que “contra el estilo no se puede”.

¿Pensás que hoy no podría surgir algo parecido a Teatro Abierto, aunque fuese bajo otras formas y frente a otras cuestiones?

Teatro Abierto era un movimiento de resistencia frente a la dictadura. En el año 84 se intentó reeditar, pero fracasó porque en democracia ya no tenía el mismo sentido.Ya no había un enemigo claramente definido. Detrás de Teatro Abierto había una protesta, y eso fue lo que lo potenció. La mayoría de las obras hablaban directamente de la dictadura, y esto era arriesgado porque se vivían tiempos de oscurantismo. La televisión era imposible de ver, los diarios casi no hablaban o apenas sugerían...

-Me llamó la atención el hecho de que no hubiera censura previa en el teatro, mientras que sí la había en las otras producciones culturales: en el cine, en los libros, por ejemplo ¿Por qué creés que pasó esto?

-Sinceramente no sé. Supongo que ellos pensaban que, como el teatro es minoritario y le llega a gente que ya está convencida, no tenía sentido abrir un foco de descrédito prohibiendo el teatro cuando no molestaba.

-Pero Teatro Abierto molestó...

-Molestó mucho, y por eso reaccionaron quemando el teatro. Pero les salió el tiro por la culata. Teatro Abierto ya era un hecho importante, pero después de que los militares incendiaron el teatro se convirtió en un hecho masivo.

-¿Creés que el “teatro político” puede existir como género, o que depende de cómo el público interprete una obra en un momento dado?

-En Teatro Abierto no todas las obras eran políticas. Pero si decían algo mínimo, eran recibidas como una revelación porque esas eran cosas que no se escuchaban. Y en un hecho artístico, en una platea, donde la gente está junta, esto era muy impactante. Pero volviendo a tu primera pregunta sobre si se puede hacer ahora, creo que lo que se puede hacer hoy es juntarse, la gente de teatro, en un proyecto común. Pero hoy no creo que hacer un teatro de denuncia movilice a nadie, sino que habría que inventar algo. En esta realidad que nos tiene en esta incertidumbre, este dolor, esta mitad de la población sumergida, ante todo eso me pregunto: ¿qué respuesta puede dar el teatro para protestar?

-¿No creés que se esté dando algún tipo de respuesta desde las nuevas dramaturgias, o desde el tratamiento más actual del vacío, la violencia, la angustia?

-Sí claro. Pero aisladamente. Yo lo que me pregunto es cómo generar algo como lo que hizo Teatro x la Identidad, que provocó un pequeño movimiento. No es que no se pueda. Pero habría que encontrar la manera, desde una realidad de hoy y con una eficacia para hoy. Pero no aparece.

-¿Pensás que hay que digerir primero esto que está pasando, para que de pronto más adelante puedan encontrarse esas maneras?

-En cuanto a la parte artística sí. Hay que digerir para contar esta realidad, porque no somos periodistas. Pero desde el punto de vista organizativo hay mucha ansiedad. Por ejemplo esta reunión a donde me fuiste a buscar era del MAR (Movimiento Argentina Resiste), que no es sólo gente de teatro. Somos gente de la cultura en general, que estamos haciendo un proyecto.

-¿Un proyecto de qué tipo?

-Le vamos a hacer un juicio oral y público a los políticos. Los vamos a acusar de indiferencia e ignorancia frente a la cultura, y pensamos hacerlo este año. Creo que esto surge de la necesidad de hacer, pero el tema está en encontrar las formas para desarrollar algo que en este tiempo también tenga una difusión, que diga hacia fuera: “estamos reunidos para protestar por esto”. Tiene que surgir algo con una repercusión social y política, que por el lado del teatro no tengo idea de cómo sería -y no sé si alguien la tiene-. Lo más parecido que se dio fue Teatro x la Identidad.

-En un momento dijiste que “el arte trabaja sobre cadáveres”, en el sentido de que habla sobre las cosas despuès que ya sucedieron ¿Cómo ves a los creadores frente a este momento, en el que nos encontramos quizá frente a los escombros de un modelo, de una parte de la historia?

-Yo veo actualmente una gran explosión de teatro, y la interpreto como una respuesta a todo lo que está ocurriendo, desde el hacer. Por otra parte también, los que hacemos teatro en el contexto de esta realidad lo usamos como una defensa frente a la locura.
Ante esta realidad cualquier artista reacciona creando para resistir. De pronto el pintor pinta o el poeta escribe poemas. Pero lo que tiene el teatro es una dinámica de lo grupal, de lo inmediato. Es un arte que está vivo y en permanente cambio.

-¿Qué opinás de la realidad política que está viviendo tu país?

-Lo peor es la incertidumbre. Es un país devastado, que tiene que reaccionar de alguna manera. Pero esto se hace muy difícil.

-¿Cómo te definirías políticamente?

-Yo soy un tipo claramente de izquierda, y creo que si no peleás nada tiene sentido. Yo pertenezco a una generación que creyó que la revolución socialista era inevitable y que la íbamos a protagonizar nosotros. Fue muy ingenuo y se terminó. Pero evidentemente el capitalismo, como sistema ganador, generó todo lo peor. El capitalismo es salvaje. Se demostró que por la violencia no se lo puede derrotar, y entonces lo que hay que hacer ahora es buscar formas posibles. Creo que éstas están en gobiernos progresistas que puedan intentar mejorar la situación.

-¿Te parece que algo así puede existir en este momento?

-Por ejemplo con Lula en Brasil, el Frente Amplio en Uruguay, Gutiérrez en Ecuador, Morales en Bolivia, Chávez en Venezuela, yo no diría que se dan las formas que uno soñó, ni el socialismo que se quería, pero creo que apostar a estos cambios implica la esperanza de que haya gobiernos que por lo menos generen sociedades más independientes.

-¿Sería como abonar el terreno para que luego sí venga otra cosa?

-El problema de América Latina es que nuestras clases dirigentes son muy corruptas y muy entregadas. No piensan en el país porque no les importa. Ellos acumulan riqueza, están ligados al gran capital internacional y hacen negocios mientras el país se vacía. A este país lo vació la clase dirigente política y económica.

¿Creés que en tu país pueda surgir una figura como las que nombraste antes?

Va a tener que surgir. Si Lula hace una gestión exitosa –no pensemos que va a ser ideal- pero si instala una política más independiente que mejore el nivel de vida del pueblo, yo creo que va a influir acá. Por ejemplo Uruguay ya tiene el instrumento, que es el Frente Amplio, pero tiene una economía más vulnerable; y en Argentina yo pienso que algo va a surgir, porque no hay otro camino. El otro camino es la destrucción.

-Volviendo al teatro ¿qué pensás de las nuevas dramaturgias y de los hechos teatrales que están surgiendo de las nuevas generaciones?

Un hecho que no surge de ellos pero en el que ellos tienen que ver, es que se ha recuperado el rol del dramaturgo. En los años ´70 ya se hablaba de la muerte del dramaturgo, la creación colectiva, el texto como pretexto, etc. Ahora esta nueva generación recuperó este rol pero con una característica importante: dejó de ser el dramaturgo aislado del teatro y del escenario. La mayoría de los jóvenes dramaturgos son también actores o son directores. Dirigen sus propias obras, y de algún modo también han vuelto a la raíz del teatro, como Moliére o Shakespeare, que eran hombres de teatro y escribían al pie de la escena.
Yo también he usado este mecanismo escribiendo obras con los actores, buscando en su dinámica, o provocándome con el espacio...

-¿Y esto sobre una base de algo escrito, o partiendo de cero?

Generalmente tengo algo, porque llegar al espacio con la cabeza vacía implica demasiada arbitrariedad. Siempre hay que traer aunque sea un ámbito, un personaje, o una situación. Pero volviendo a esta nueva generación, otra cosa buena es que no hay un modo de escribir. Los jóvenes escriben cada uno a su manera, aunque sí hay una tendencia muy fuerte a decir que prescinden de lo político. Yo por mi parte, creo que el teatro es siempre político –aún cuando calla-

-¿No creés que de pronto lo dicen en el sentido de que no hacen el tipo de política que hacían ustedes?

-Sí. Creo que hay una reacción a nuestra generación, porque nosotros venimos de un fracaso político que ellos no quieren repetir. Pero también está la típica ruptura generacional: para ser uno mismo generalmente hay que pelearse con el padre. Por ejemplo nosotros matamos a nuestros padres haciendo naturalismo, porque veníamos de un teatro mayoritariamente épico, y poner a dos tipos hablando de manera coloquial parecía una ruptura.

-¿Y en cuanto a lo dramático?

-Otra característica de esta nueva generación es que quiebra con lo narrativo, y esto lleva a veces a expresiones un poco herméticas. Los que escriben así teorizan incluso sobre esta ruptura: dicen que no hay que contar una historia porque esto es bueno para el cine o la televisión, pero no para el teatro. Dicen que el teatro es una suma de sensaciones que el espectador arma en su cabeza.

-¿Y vos qué posición tenés con respecto a este tipo de teatro?

-A mi me gusta el teatro narrativo. Como espectador me gusta que me cuenten una historia. Pero de todos modos no me gusta el principio, el “hay que hacer tal cosa”. Yo creo que hay que hacer el teatro que uno siente, y contra el estilo no se puede.
Yo hace cuarenta años que empecé a escribir teatro, y no escribo igual, pero de alguna manera tengo una historia y respondo a ella. Tengo un estilo que cambié varias veces, pero soy un autor de personajes, de conductas.

-Hace poco leí una entrevista en la que decías que para vos el de la escritura era un momento torturante, porque en realidad lo que siempre habías querido era ser actor.

-Sí, yo creo que escribir teatro es antinatural. Si podés escribir un cuento o una novela ¿para qué escribís teatro, que se lo tenés que entregar a otro? Siempre otro lo completa, es diferente a otros tipos de escritura. Yo creo que el autor surge del actor frustrado que tenemos dentro. Como no actuamos escribimos.

-¿Escribís por eso?

-Sí, en mi caso es cobardía. Porque yo llegué a actuar, pero el escenario me angustiaba. Fui un actor que no me animé.

-¿Te angustia escribir?

-La escritura tiene sus momentos, cuando hay incertidumbre respecto al material, o frente a la página en blanco por ejemplo. Pero no me angustia, sino que a veces me aburre, porque en las obras de teatro siempre hay alguna meseta, y las mesetas me aburren.

-¿Tenés algún método para escribir?

-No. Es sentarme, pero con algo.

-¿Con qué?

-Con una situación. Dos personajes, dos o tres réplicas. Pero cuando viene alguna imagen de esas no la escribo de entrada, sino recién cuando me doy cuenta de que no me abandona, de que pasan dos días e insiste. Después hay mucho de voluntad. Yo no soy vago, pero puedo tender a alejarme de lo que estoy escribiendo o no estar seguro. Entonces me creo obligaciones. Por ejemplo cuando tengo una obra medio ahí, ya la empiezo a mover con algún director o con actores, y eso me sirve mucho. Con los actores mucho más, porque están esperando y eso me obliga.

-Me interesa esa metodología –si se puede llamar así- de ir escribiendo con los actores ¿Cómo es?

-Es muy movilizante, y además te saca de la literatura.

-Pero también es difícil de organizar ¿no?, porque es como ser compositor y tener una banda de músicos dispuestos a probar todo lo que se te va ocurriendo.

-Claro. Pero de acuerdo al actor que tenés -y volviendo a la metáfora del músico- si un tipo toca bien el bandoneón le ponés más bandoneón. Vas ajustando cosas, y eso es muy útil. Para mí el teatro es un acto vivo con el actor, que es en realidad el teatro. Todos los demás podemos no estar, pero si no está el actor no hay teatro.

Lucía Masci

Lucía Masci
4to año de Licenciatura en Ciencias de la Comunicación Universidad de la República