Edición Enero 2004

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Política-Economía
La Larga Batalla por la Democracia - 05/05/2003


La larga batalla por la democracia

El legado dejado por Saddam Hussein y los valores de la población, podrían retardar la llegada de la libertad a Irak

Pedro Pablo Peñaloza

Además de construir carreteras, escuelas, hospitales y recomponer la infraestructura básica, en Irak habrá que sentar las bases políticas para edificar una cultura democrática y de respeto por los derechos humanos y las libertades públicas.
En el corto plazo, los socios de la coalición que derrocó a Saddam Hussein enfrentan los desafíos de mantener la estabilidad del país árabe y la seguridad de sus ciudadanos, al tiempo que dirigen una transición que culminaría en la instalación de un gobierno interino iraquí.

Pero, más allá de las urgencias que impone la transición y el desorden que ha ocasionado el descabezamiento del antiguo sistema, los retos por venir son más complejos y exigirán profundas transformaciones.

En su esfuerzo por refundar a Irak, la Casa Blanca enfrentará la necesidad de desmovilizar y reestructurar el ejército local, barrer con los vestigios de Saddam en el andamiaje gubernamental, alentar un diálogo nacional, adecentar el poder judicial y socorrer a los civiles, entre otras cosas.

De Moscú a Bagdad
“El legado del viejo régimen es pesado, tomará años antes de que se desarrolle una cultura política ambiciosa, así como un eficiente libre mercado, que se despoje de ciertas características como las tendencias autoritarias, las asociaciones basadas en clanes y la jefatura patriarcal”, explica a TalCual Yezid Sayigh, experto en Medio Oriente del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, con sede en Londres.

Sin embargo, Sayigh, quien fue uno de los consejeros de la delegación palestina durante las conversaciones de paz con Israel a principios de la década pasada, observa que esas inclinaciones fueron reforzadas por Saddam desde 1990 para mantener su poder, pero que las mismas “podrían ser resistidas y reconducidas”.

Para justificar su optimismo, el analista recuerda que “Irak tiene una población muy educada y preparada, que se definiría como una clase media, que incluye elementos de una floreciente burguesía presente antes de la etapa dominada por el partido Baas”.

Sayigh se pregunta: “¿Por qué si Rusia pudo evolucionar hacia la democracia, tras siglos de absolutismo y unos 70 años de comunismo, Bagdad no va a conseguirlo cuando su era dictatorial fue más corta?”.

Rechaza las generalizaciones y apunta que “mucho se ha dicho sobre el autoritarismo árabe, pero en la actualidad Kuwait, Bahrein, Qatar y ahora Omán se están democratizando modestamente y, por otra parte, Líbano y Yemen hacen lo mismo con sus sistemas”.

No “for export”
Desde Washington Christopher Preble, director de estudios de política exterior del Instituto Cato, señala a TalCual que “existen democracias que funcionan en países de mayoría musulmana, como en el caso de Turquía y la India”; mas, considera que “es imposible exportar la democracia a ningún país”.

“El sistema democrático crece desde dentro y cada nación debe atravesar este proceso en sus propios términos”, sugiere Preble, veterano de la primera guerra del Golfo.

El académico estadounidense expone que “siempre hay elementos reformistas en los regímenes más totalitarios, entonces, la clave es encontrar las vías para apoyarlos”, tarea en la que, afirma, Estados Unidos ha cometido serios errores.

Amenazas futuras
Yezid Sayigh identifica lo que, a su juicio, son las principales amenazas que enfrentará la irrupción de la democracia en Irak: “Internamente, el peligro es que se produzca un arreglo entre los bloques étnico-religiosos más importantes, que evite el nacimiento de un verdadero sistema de libertades; y externamente el impacto de las preferencias y prejuicios de EEUU, especialmente si trata de explotar su poder para privatizar toda la economía, incluido el sector petrolero”.

Preble desecha esta última opción, pues avizora que “el escenario más probable es aquel en el cual Irak venderá su crudo en el mercado mundial, y sus habitantes se beneficiarán de esto como lo hacen los venezolanos, sauditas y kuwaitíes”.

“Todo esto tomará mucho tiempo, aunque pienso que Washington debe orientarse hacia una ocupación corta”, manifiesta el profesor del Cato, para quien “las tropas de la coalición no deben quedarse para brindarle protección al nuevo gobierno, sólo tienen que permanecer allí hasta que este sea instalado”.

No obstante, Preble concluye con una frase que parece premonitoria: “Seguro que será más difícil mantener la paz que hacer la guerra contra Hussein”.

Pedro Pablo Peñaloza Ochoa
Estudiante de 5º año de la Escuela Comunicación Social, Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad Católica Andrés Bello. Email: aydoli@cantv.net