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Sociedad
"El periodista no debe ubicarse en ninguna trinchera" - 03/07/2003


"El periodista no debe ubicarse en ninguna trinchera"

El avezado reportero colombiano, Javier Darío Restrepo, cree que "lo que echa de menos una sociedad que está en conflicto, es a alguien que le diga la verdad desinteresadamente"
Pedro Pablo Peñaloza


Javier Darío Restrepo ha ejercido el periodismo durante 48 años, y en Colombia. Su extensa y laureada trayectoria, forjada en radio, prensa y televisión, le permitiría afirmar que nada de lo que afecta a esta profesión le es ajeno.

Sin embargo, su amplia experiencia no le envanece. Después de dedicar toda su vida a la búsqueda de la información, hurgando con acuciosidad en la madeja de contradicciones y conflictos que sacuden la realidad de su país y el mundo, ha llegado a la conclusión de que "las verdades del periodista son humildes y provisionales, pues los hechos cambian constantemente".

Por eso, tampoco cree en la definición de cuarto poder, que usualmente se atribuye a los medios de comunicación social. "El periodismo adquiere toda su dignidad cuando se despoja de sus vestiduras de poder, y se convierte en un servidor público", sostiene; al tiempo que aconseja a sus colegas evitar encandilarse con los reflectores o caer en la tentación de usar el micrófono para hacerse escuchar, silenciando la palabra ciudadana.

"El periodista no necesita ponerse de un lado o de otro, sino que tiene que estar del lado de todos y tomar como suyo el interés general", sentencia con un tono cargado de erudición e impregnado por la serenidad que se empeña en transmitir, mientras la polarización y los intereses particulares permanecen al acecho.

Catedrático en las universidades Javeriana y de los Andes, experto en temas de ética periodística, autor de nueve libros, incluido Etica para periodistas (1991), Restrepo recomienda a los profesionales de la comunicación social que realmente quieran salvar la democracia, prescindir de las actitudes heroicas y limitarse a cumplir con cabalidad su tarea esencial: Informar.

- Muchos coinciden en que el comunicador social debe defender el sistema democrático, y claman por su ayuda para derrotar al tirano que arremete contra la libertad o le exigen que haga frente común con los que se oponen a la oligarquía que explota al pueblo.

¿Cómo encontrar la verdad en medio de la diversidad y actuar correctamente?

- Simplemente con contar los hechos y creyendo en la dinámica de la verdad. Tanto el tirano como aquellos que lo combaten miran sólo una parte de la verdad. El periodista tiene el privilegio de buscar una visión plena de esa verdad. Se equivoca mucho uno cuando, llevado por sus sentimientos, cree que tiene que ubicarse en una trinchera.

Estar en una trinchera recorta el ángulo de visión y lo que es más grave aún, el periodista puede llegar a perder su credibilidad.

- Pero algunos consideran que informar no es suficiente, que la imparcialidad en una sociedad crispada y polarizada puede catalogarse como una actitud cómplice e irresponsable.

- Cuando tú informas no significa que silencias lo que es conflictivo, ni que apoyas al bando que crees tiene la razón. Cuando informas, activas un potencial que está en los hechos. Gente que conozca bien lo que está sucediendo, tiene elementos suficientes para decidir, y lo que está en el fondo de toda democracia es la capacidad de decisión dinamizada por la palabra.

"Lo que echa de menos una sociedad que está en conflicto es a alguien que le diga la verdad de modo desinteresado, porque esa es su gran arma y su gran defensa contra todos los que quieren manipularla".
Zumbido y moscardón

- ¿La ética podría estorbar al periodista que asume la lucha sin cuartel contra un régimen totalitario o que pretende serlo?

- Habría que preguntarse: ¿El periodista pensará que desconociendo lo que es la esencia de los valores de la profesión, puede cumplirla? Y resulta una comprobación que se ha hecho y que resumía Gabriel García Márquez, quien dijo que en periodismo la ética y la técnica son tan indisolubles como el zumbido y el moscardón.

"Esta hipótesis de que uno podría librarse de las limitaciones que impone la ética, echa por la borda esa unidad indisoluble y es poco realista, porque no se puede ejercer el periodismo a costa de los derechos de las personas".

- ¿Debe el periodista asumir un rol político para guiar a la sociedad, usando su carrera como un trampolín para acceder al poder?

- Un afamado reportero estadounidense dijo, en una conferencia ofrecida en Bogotá, algo muy hermoso: Cuando el periodista que ha estado en política regresa a la profesión, lo hace cojeando. La razón de su cojera es que su credibilidad está casi mortalmente herida. Eso no es conveniente para el periodista, cuyo mayor tesoro es la credibilidad, y tampoco para la sociedad, que pierde un argumento para creer.

- A veces se puede caer en la tentación de llenar el tan mentado vacío que habrían dejado los partidos y los dirigentes.

- Cuando el periodista, para llenar un vacío, se va a la política, crea otro vacío en el periodismo. Ese periodista cambió toda la población que le escuchaba por un sector, cambió el servicio para lo público por el servicio para lo privado. El periodista debe estar en lo suyo, que es lo que conoce, en lo otro entra como aficionado o trepador, y cualquiera de esas dos condiciones no son deseables.

Defender al lector

Javier Darío Restrepo fue defensor del lector en el influyente diario El Tiempo de Bogotá. Considera que esta figura, inédita en muchas de las redacciones latinoamericanas, aumenta la credibilidad de los periódicos lo que redunda en beneficio de una empresa que busca ofrecer verdades y depende de la aceptación de los usuarios.

- ¿De qué se debe defender al lector?

Primero hay que defenderlo de sí mismo, de sus apreciaciones, a veces muy apasionadas, de sus limitaciones para conocer los hechos. Al lector hay que defenderlo también de las debilidades y equivocaciones del periodista, pero principalmente de los intereses que siempre alojan los medios de comunicación.

- ¿Es necesario que se redacten leyes para controlar a los medios o es mejor esperar hasta que estos algún día se autorregulen?

Con los medios ocurre como la teoría del Panópticon, propuesta por el inglés Jeremy Bentham. Era una torre en la que el vigilante, ubicado en la cima, podía ver a todos las personas, pero a él nadie lo percibía. La pregunta, entonces, es quién controla al autor de la palabra. ¿Quién controla al controlador.

Pedro Pablo Peñaloza Ochoa
Estudiante de 5º año de la Escuela Comunicación Social, Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad Católica Andrés Bello. Email: aydoli@cantv.net