Edición Enero 2004

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Sociedad
La posmodernidad y la construcción del rol de la mujer por medio del cuerpo - 02/10/2002


La Barbie

Es indiscutible que la mujer ocupa un lugar diferente en la posmodernidad, quien le asignó un rol tanto en lo que respecta a su identidad e imaginario de lo femenino y principalmente como cuerpo. La vida posmoderna, que se legitima en las convenciones de la moda, el estilo y el espectáculo, creó políticas de representación vinculadas a la identidad y la cultura donde la mujer ha quedado reducida a ser en la lógica de la forma-signo estético, exaltando la cultura de la carne. Para evidenciar esta hipótesis, efectuaré una analogía respecto del rol asignado a la mujer en la modernidad/posmodernidad y cómo la muñeca BARBIE dejó de ser un simple juguete para aggiornarse a ese modelo de "mujer moderna".

La posmodernidad como contexto político, económico y cultural esta signada por la obsesión de la producción, situando en un lugar privilegiado al consumidor, y de esta forma configurando, luego de los años `60, una sociedad de producción y consumo masivo en donde las mujeres tuvieron y ocupan un lugar importante a los intereses de esa "industria cultural", particularmente de la moda.

Es así como la mujer fue proyectada ya no sólo como madre sino para hacerla salir de su casa y ocupar otro tipo de rol: la "mujer moderna". Casualmente, en el año 1959 nace la muñeca Barbie uno de los íconos del siglo XX, un modelo completamente diferente de muñeca; antes de la Barbie las niñas se transformaban en madres de sus muñecas pero su llegada reflejó, con las variadas posibilidades que le permiten sus accesorios, una nueva tendencia: la mujer "polifacética, autorreferente, atrevida, dinámica, egocéntrica, omnipotente, inspiradora, amada u odiada; cíclica como la moda; inscripta en el más vertiginoso cambio; Orgullosa de sus extensiones y liftinghs".

La modernidad y más especialmente lo que ha convenido en llamarse posmodernidad, ha encontrado en los medios masivos de comunicación las "armas" más eficaces para legitimar este nuevo imaginario normalizador del ser-mujer en donde el cuerpo adquiere una esencia mercantil aludiendo a un imaginario "pleno de fantasías conectadas con la corrección, la transformación, el reacomodo del cuerpo, ideología que es un reto lanzado a la historicidad, mortalidad del cuerpo"¹ , y agrego, donde la mujer es "El Cuerpo", en este sentido la Barbie se solidariza con las exigencias que se le autoimpone a la mujer moderna.

El Cuerpo, dice Merleau-Ponty, "en cuanto tiene conductas, es un extraño objeto que utiliza sus propias partes como simbólica general del mundo y por el que, en consecuencia, podemos frecuentar este mundo, comprenderlo y encontrarle una significación"² , es así como desde esta política de la representación del ser mujer, se convierte al sujeto/mujer en un cuerpo que habla estableciendo un proceso de abandono del ser en favor del parecer.

Entonces, la posmodernidad, como política cultural, es tematizada en tanto cambios que se registran en la imagen y la moda, sostenida por la perfección de la belleza y el mito de la eterna juventud, donde su soporte es el consumo masivo que se convierte en su vector y el cuerpo en el objeto de sus transformaciones, y en especial, el cuerpo de mujer.

La "Barbie" fue primero un cuerpo y luego una muñeca, su cuerpo como existencia plástica configuro un ideal estético de lo bello, en sus primeras versiones recordaba mucho al prototipo de mujer sexy de Hollywood de la época, como por ejemplo Marilyn Monroe; se trataba de una muñeca con pechos y mirada provocativa, imagen de cuerpo totalmente atípica para un juguete. Cuerpo, pelo, cara y gesto, bastan 29 centímetros y medidas equivalentes a 95-45-82 para hacer realidad el sueño de la mujer perfecta.

La noción de cuerpo como construcción cultural-histórica, en la posmodernidad, la propia imagen de mujer implica un ser-mujer signado por un discurso de las apariencias, "el cuidado de la máscara escondedora-develadora del ser verdadero, se transforma en una nueva estrategia de la cultura de masas. Puesta a punto la siniestra máquina del consumo, se necesitaba la ficción de la felicidad como búsqueda o razón legitimadora, reflexiona Susana Saulquin en su libro "La Moda, después".

El nacimiento de la Barbie señaló el fin de una imagen recatada del cuerpo y el triunfo por vía perversa de los reclamos sesentistas: la liberación sexual y el rechazo del formalismo; quizás la Barbie anticipa el cuerpo transformado en mercancía.

El cuerpo en la modernidad adquiere una categoría específica. Las representaciones del cuerpo son tributarias de un estado social, de una visión del mundo y de una definición de persona siendo "el cuerpo una construcción simbólica, no una realidad en sí mismo. De ahí la miríada de representaciones que buscan darle un sentido" (David Le Breton, Antropología del cuerpo y la modernidad), como por ejemplo la moda.

La moda invadió con sus códigos la totalidad de la sociedad industrial precisamente porque su naturaleza es masiva, la cual, como dice Lipovetsky se presenta ante todo como el agente por excelencia de la espiral individualista de la consolidación de las sociedades liberales en donde ella se desnaturaliza.

Con la moda se instala una cultura del espectáculo ³ en donde el cuerpo se convirtió en el modelo de la moda imponiendo la estética de la perfección juvenil.
La Barbie, respecto de la moda, no fue ajena, sino que se ha caracterizado por coincidir con las tendencias y marcar sus propios hitos; la Barbie, en cierta medida representa la historia de la moda, transformándose en súper modelo de los más famosos diseñadores de moda (Pierre Cardin, Yves Saint-Laurent, Gucci, Dior, Ralph Lauren, entre otros).

Este imaginario, el de la moda, el cuerpo es una superficie de proyección en el que se prescribe la identidad, por medio de un cuerpo al que se lo disocia y se lo transforma en pantalla.

Nos encontramos frente a una concepción dualista del cuerpo que se opone al sujeto y donde se instaura una preocupación por su forma como respuesta a un imaginario sobre el ser mujer donde las diferentes prácticas sobre el cuerpo lo reubican en la condición de una posesión, situación característica de la estructura individualista en la que los sujetos aparecen separados unos de otros, separación entre el ser y el poseer un cuerpo con lo cual el cuerpo se convirtió en propiedad del hombre y no su esencia.

En este contexto la técnica contribuyó a esta política de la representación permitiendo modelar el cuerpo por intermedio de diferentes prácticas como la gimnasia, las dietas, la cirugía plásticas, entre otras.

Estas técnicas instauran ciertas prácticas y productos orientados al cuerpo, inclinadas a privilegiar la "forma" y el buen estado físico, si tenemos en cuenta que el cuerpo "mimado" es el cuerpo joven, sano, etc. La forma se impone como "la preocupación" lo cual lleva a explicar el éxito actual de ciertas actividades que sirven para modelar el cuerpo como la gimnasia, el body-building, y el éxito de la cirugía estética o reparadora, las curas de adelgazamiento y la utilización de cosméticos.

La técnica interviene en un imaginario pleno de fantasías vinculadas con la corrección, la transformación, el reacomodo del cuerpo conformando una ideología denominada por Susan Bordo como una "cultura del plástico", una praxis material sobre el cuerpo humano.

Es así como en este nuevo imaginario normalizador del ser mujer, la posmodernida tematizada como cambios que se registran en la imagen, y la moda, sostenida por la perfección de la belleza y el mito de la eterna juventud, su soporte es el consumo masivo que se convierte en su vector y el cuerpo en el objeto de sus transformaciones, y en especial, el cuerpo de mujer.

María Cecilia Carmusciano
5to año de Comunicación Social y Profesorado en Comunicación Fac. de Ciencias Sociales Dependiente de la Universidad Nacional del Centro de la Pcia. de Buenos Aires-UNICEN (Olavarría, Pcia. de Buenos Aires- Argentina)